Las stablecoins se convierten en la columna vertebral de la economía venezolana

TRM Labs evalúa el impacto que las criptomonedas tienen en Venezuela y su gente.

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La firma de inteligencia blockchain TRM Labs ha publicado un informe detallado sobre Venezuela que arroja luz sobre la compleja intersección entre los recursos naturales y los activos digitales. El reporte coincide temporalmente con incidentes de incautación de crudo en el mercado internacional, un suceso que subraya el rol crítico de las criptomonedas, específicamente el USDT, en la comercialización de hidrocarburos bajo un entorno de sanciones y aislamiento financiero.

Este escenario es el resultado de tensiones políticas persistentes entre Washington y Caracas, donde los activos digitales han pasado de ser una alternativa tecnológica a convertirse en el eje central de las transacciones estatales y ciudadanas.

La magnitud de este fenómeno queda reflejada en estudios de firmas como Ecoanalítica, que estiman que cerca del 20% del Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela transita actualmente a través de diversos exchanges. A pesar de que estas plataformas no poseen sedes físicas en el territorio nacional, se han consolidado como herramientas financieras indispensables.

Para el ciudadano promedio, el uso de estos activos no es una apuesta especulativa, sino una estrategia de protección frente a la devaluación constante del bolívar y la escasez crónica de divisas físicas en el sistema bancario tradicional.

Supervivencia económica y el dominio del USDT

El informe de TRM Labs introduce el concepto de "supervivencia económica" para describir el comportamiento de los usuarios venezolanos frente a las stablecoins. Tras el cese de operaciones del Petro en 2023 y los escándalos de corrupción asociados a PDVSA-Cripto, el ecosistema se ha volcado hacia soluciones más estables y globales. El aislamiento bancario, vigente desde la implementación de controles cambiarios en 2003, impide transacciones internacionales directas, forzando a la población a buscar liquidez en mercados digitales para preservar su poder adquisitivo ante la hiperinflación.

A diferencia de Bitcoin, cuya volatilidad suele ser un obstáculo para el uso cotidiano, el USDT domina el mercado venezolano debido a su utilidad práctica. Tanto personas naturales como jurídicas lo perciben como un medio de pago esencial y una unidad de cuenta confiable. En un país donde el 90% de la liquidez circulante es en moneda local pero la economía está de facto dolarizada, las stablecoins resuelven problemas logísticos inmediatos, como la falta de billetes de baja denominación y la imposibilidad de realizar pagos exactos en el comercio minorista.

La dicotomía entre transparencia y geopolítica

La adopción de activos digitales en Venezuela presenta una tensión compleja entre la ayuda humanitaria y el riesgo geopolítico. Para el pequeño empresario, las billeteras digitales representan la única conexión con una red de pagos global, permitiendo la recepción de remesas y el pago a proveedores externos sin pasar por la burocracia de una banca local sancionada. Esta inclusión financiera forzada actúa como un seguro que garantiza el acceso a bienes básicos, pero al mismo tiempo opera en un área gris que genera alarmas en organismos de control internacional como la OFAC y el FinCEN.

La naturaleza descentralizada de estas redes, especialmente en los mercados persona a persona (P2P), dificulta la distinción entre transacciones legítimas de supervivencia y movimientos de fondos vinculados a actividades ilícitas o evasión de sanciones. Esta opacidad convierte a Venezuela en un caso de estudio único, donde la estabilidad financiera de millones de personas depende de infraestructuras digitales que operan fuera del escrutinio estatal e internacional tradicional. La falta de un marco regulatorio claro deja a los usuarios vulnerables ante estafas, pero la restricción de estas plataformas afectaría directamente la capacidad de la población para sostener sus necesidades más básicas.

Los pilares de la migración digital

El informe concluye identificando tres pilares fundamentales que han impulsado la migración masiva hacia el USDT. En primer lugar, las políticas macroeconómicas que desde 2019 han acelerado la depreciación del bolívar, destruyendo el ahorro en moneda local. En segundo lugar, una profunda desconfianza en el sistema bancario, que ofrece poca factibilidad para la disposición de fondos o transferencias internacionales. Finalmente, la dependencia estructural de las remesas transfronterizas, que encuentran en los rieles digitales la vía más rápida y eficiente para ingresar liquidez al consumo interno del país.

Para TRM Labs, Venezuela se posiciona como el "paciente cero" de una nueva era financiera. El país demuestra cómo una sociedad entera puede migrar sus funciones económicas esenciales hacia criptoactivos cuando las instituciones tradicionales dejan de cumplir su propósito. Hacia el 2026, la evolución de este ecosistema seguirá definida por esta búsqueda pragmática de estabilidad en un entorno de máxima incertidumbre política y económica.

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