Bitcoin coquetea con el nivel de los 90.000 dólares y el pánico podría volverse una oportunidad
La corrección del precio de BTC que ha llevado a perder los 100.000 dólares ha generado un sentimiento pesimista entre inversores.

En las primeras semanas de noviembre de 2025, Bitcoin ha vivido una corrección significativa que ha llevado al activo a cotizar en tono a los 93.000 dólares, marcando su segunda incursión por debajo de la barrera psicológica de los 100.000 dólares en el mes.

Esta depreciación podría estar señalando que no existe suficiente demanda en este momento para que Bitcoin logre superar y mantener el soporte de los 100.000 dólares, teniendo que tantear otros niveles para volver a equilibrar el mercado. Una interpretación que va de la mano de un pánico generalizado en las redes sociales, un sentimiento mayoritariamente pesimista entre los traders e importantes movimientos de salida en los mercados institucionales con los ETF.
El panorama se vuelve aún más compleja debido a las incertidumbres macroeconómicas que se generan alrededor de Estados Unidos, como la detención del repunte del índice del dólar y la caída a cero del endeudamientode la Reserva Federal. No obstante, cuando se conjugan todos los males en un mercado pero a nivel técnico siguen existiendo data positiva, se puede poner en la mesa la posibilidad de que ocurra un rebote en el precio y esta sea una oportunidad para los traders de comprar barato.
La salida desde los ETF podría profundizar la corrección
Los fondos cotizados en bolsa de Bitcoin, mejor conocidos como ETF, han experimentado en las últimas semanas constantes salidas de capital institucional. Según registros de SoSoValue, la semana pasada se registró el tercer mayor flujo de salida en la historia, con más de 1.200 millones de dólares abandonando estos vehículos de inversión. Y es que solo el viernes 14 de noviembre se calcula, basado métricas de Coinclass, que fueron retirados más de 4.000 BTC.

Esta tendencia de desinversión comenzó a ocurrir precisamente cuando Bitcoin rebotó a los 115.000 dólares el pasado 28 de octubre, lo que indica una pérdida sustancial de confianza entre los participantes institucionales que habían impulsado una de las rachas de entradas más fuertes desde principios de 2024.
Aunque los observadores del mercado interpretan estas salidas no como una capitulación total, sino como una reducción estratégica de posiciones para gestionar riesgos en un entorno de incertidumbre macroeconómica —incluyendo el cierre gubernamental en Estados Unidos y fluctuaciones en indicadores de liquidez, que se ha estrechado desde sus máximos de finales de octubre—.
No obstante, el impacto inmediato en la oferta spot es innegable: al liquidar posiciones en ETFs, las instituciones inyectan efectivamente Bitcoin en el mercado abierto, aumentando la presión vendedora y contribuyendo a la depreciación observada, con el activo cayendo por debajo de los 100.000 dólares por segunda vez en el mes. Esta dinámica de salidas no ocurre en aislamiento, sino que se entrelaza con el comportamiento de grandes inversores o "ballenas", que han transferido más de 19.500 BTC —equivalentes a aproximadamente 2.000 millones de dólares— a exchanges como Binance entre el 12 de octubre y principios de noviembre.
El interés institucional, sin embargo, permanece intacto a largo plazo, con el ETF de Bitcoin de BlackRock liderando los flujos de entrada anuales y expansiones de productos por parte de Fidelity y VanEck. Algunos leen esta actitud como una deserción monetaria, lo cual permite despejar el terreo para recompras a precios más atractivos.
Ventas impulsivas que históricamente preceden rebotes
El descenso de Bitcoin por debajo de los 100.000 dólares por segunda vez en noviembre ha desatado una ola predecible de miedo, incertidumbre y duda (FUD) entre los traders minoristas, manifestada en una proliferación de publicaciones preocupadas en redes sociales que han impulsado el sentimiento del mercado hacia un sesgo bajista significativo. Por ejemplo, en índices como el de Miedo y Codicia, Bitcoin está en un momento de miedo extremo que no alcanzaba desde febrero de 2025 cuando también se esperaba una capitulación en el mercado.

Esta zona se le clasifica como ¨verde¨, considerándose que cuando el índice cae en este nivel se puede esperan ventas producto de pánico que, históricamente, han precedido alzas en los precios al mover el mercado en dirección opuesta al consenso mayoritario de la multitud. En este momento preciso, con Bitcoin entrando en dicha zona verde justo cuando las salidas de ETFs alcanzan picos históricos, las ventas impulsivas de inversores no institucionales, crean un entorno de precios descontados donde las compras resultan menos riesgosas que el promedio, ya que el pánico retail tiende a agotar la oferta de vendedores débiles y preparar el terreno para una absorción por parte de compradores más pacientes.
Este patrón no es novedoso: el sentimiento siempre juega un factor significativo en las criptomonedas y los precios suelen responder inversamente a la narrativa dominante en plataformas sociales, donde el miedo extremo actual contrasta con la resiliencia institucional observada en firmas como BlackRock y Fidelity, que mantienen expansiones de productos spot a pesar de las salidas temporales. Por si fuera poco, otras métricas como el Net Unrealized Profit (NUP) de Bitcoin, que mide el total de ganancias no realizadas de los inversionistas, apuntan a la posibilidad de que ocurran también correcciones de precio alcistas.
Un NUP elevado suele reflejar un mercado con alto incentivo para tomar beneficios, ya que muchos holders están en ganancias sustanciales. Por el contrario, cuando el indicador desciende a niveles como el actual, gran parte de esa presión potencial de venta se ha liberado. En este contexto, indica que el mercado ha absorbido una ola de realización de ganancias, lo que podría indicar que es un buen momento para la acumulación.
En síntesis, mientras las salidas de ETFs generan presión vendedora capaz de testar soportes inferiores y prolongar la corrección, el pánico minorista configura una oportunidad clásica de entrada a precios bajos, alineada con patrones históricos donde el miedo extremo ha marcado puntos de inflexión favorables para quienes operan contra la corriente emocional del mercado, manteniendo la narrativa de que la confianza perdida temporalmente puede traducirse en ventajas estratégicas para inversores con horizonte más allá de la volatilidad inmediata.